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EL PERGAMINO NÚMERO UNO"
Hoy comienzo una nueva
vida. Hoy mudaré mi viejo pellejo que ha sufrido, durante tanto
tiempo, las contusiones del fracaso y las heridas de la mediocridad. Hoy
nazco de nuevo y mi lugar de nacimiento es una viña donde hay fruto para
todos. Hoy cosecharé uvas de sabiduría de las vides más altas y
cargadas de frutas de la viña, porque estas fueron plantadas por los
más sabios de mi profesión que han venido antes que yo, de
generación en generación. Hoy saborearé el gusto de las uvas frescas
de las vides, y ciertamente me tragaré la semilla del éxito
encerrada en cada una, y una nueva vida retoñará dentro de mí. La
carrera que he escogido está repleta de oportunidades, y al mismo tiempo
llena de angustia y desesperación, y los cadáveres de aquellos que
han fracasado, si se los pusiera uno encima de otro, proyectarían su
sombra por encima de todas las pirámides de la tierra. Y sin embargo
no fracasaré como los otros, puesto que en mis manos sostengo las cartas
de marear que me guiarán a través de corrientes peligrosas hasta las
playas que solo ayer me
parecían un sueño. El fracaso no será mi recompensa por la
lucha. Así como la naturaleza no ha hecho provisión alguna para que
mi cuerpo tolere el dolor, tampoco ha hecho provisión para que mi
vida sufra el fracaso. El fracaso como el dolor, es ajeno a mi vida. En el
pasado lo acepté como acepté el dolor. Ahora lo rechazo y estoy
preparado para abrazar la sabiduría y los principios que me sacarán
de las sombras para internarme en la luz resplandeciente de la riqueza,
la posición y la felicidad, muy superiores a mis más extravagantes
sueños hasta que
aun las manzanas de oro en el jardín de las Hespérides no parezcan
otra cosa que mi justa recompensa. El tiempo le enseña todas las
cosas a aquel que vive para siempre, pero no puedo darme el lujo de la
eternidad. Y sin embargo dentro del tiempo que se me ha asignado debo
practicar el arte de la paciencia, porque la naturaleza no procede
jamás con apresuramiento. Para crear el olivo, el rey de todos los
árboles, se requieren 100 años. Una planta de cebolla es vieja
después de 9 semanas. He vivido como una planta de cebolla. Pero no he
estado
conforme con ello. Ahora quisiera ser el más grande de los árboles
de olivo, y en realidad el más grande de los vendedores. ¿Y cómo
lo lograré? Porque no tengo ni el conocimiento ni la experiencia para
alcanzar la grandeza, y ya he tropezado con la ignorancia y caído en
el charco de la compasión por mí mismo. La respuesta es sencilla.
Comenzaré mi viaje sin el estorbo de los conocimientos innecesarios o
la desventaja de una experiencia carente de significado. La naturaleza me
ha proporcionado ya el conocimiento y el instinto, muy superiores a
los de cualquier bestia en el bosque; y a la experiencia se le ha
asignado un valor exagerado, especialmente por los viejos que asienten
sabiamente con la cabeza y hablan estúpidamente. En realidad la
experiencia enseña sistemáticamente, y sin embargo su curso de
instrucción
devora los años del hombre de manera que el valor de sus lecciones
disminuyen con el tiempo necesario para adquirir su sabiduría
especial. Y al final se ha malgastado en hombres que han muerto.
Además, la experiencia se compara con la moda. Una acción o medida que
tuvo éxito hoy será irresoluble e impráctica mañana. Solamente
los principios perduran y estos poseo, porque las leyes que me conducirán
a la
grandeza figuran en las palabras de estos pergaminos. Me enseñan más
a evitar el fracaso que a alcanzar el éxito, porque, ¿qué es el
éxito sino un estado mental? ¿Cuáles dos personas, entre mil
sabios, definirán el éxito con las mismas palabras? Y sin embargo el fracaso
se describe siempre de la misma forma. El fracaso es la incapacidad del
hombre de alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera sean. En
realidad, la única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos
que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos. Los
buenos hábitos son la clave de todo éxito. Los malos hábitos son la
puerta abierta al fracaso. De manera, entonces, que la primera ley que
obedeceré, y que precede a todas las otras es la siguiente: me formaré
buenos hábitos, y seré el esclavo de esos hábitos. Cuando era
niño, era esclavo de mis impulsos, ahora soy esclavo de mis hábitos,
como lo
son todos los hombres crecidos. He rendido mi libre albedrío a los
años de hábitos acumulados, y las acciones pasadas de mi vida han
señalado ya un camino que amenaza aprisionar mi futuro. Mis acciones
son gobernadas por el apetito, la pasión, el prejuicio, la avaricia,
el amor, temor, medio ambiente y hábitos; el peor de estos tiranos es el
hábito. Por lo tanto si tengo que ser esclavo de los hábitos, que
sea esclavo de los buenos hábitos. Los malos hábitos deben ser
destruidos y nuevos surcos preparados para la buena semilla. Adquiriré
buenos hábitos y me convertiré en su esclavo. ¿Y cómo realizaré
esta difícil empresa? Lo haré por medio de estos pergaminos, porque cada
uno contiene un principio que desalojará de mi vida un hábito malo y lo
reemplazará con uno que me acerque al éxito. Porque hay otra ley de
la naturaleza que dice que solo un hábito puede dominar a otro. Así
pues, para que estas palabras escritas cumplan la tarea para la cual
han sido designadas, debo disciplinarme a mí mismo y adquirir el primero
de mis nuevos hábitos que es el siguiente. Leeré cada pergamino
durante 30 días en esta forma prescrita, antes de proceder a la
lectura del pergamino siguiente. Primero, leeré las palabras en
silencio cuando me levanto por la mañana. Luego leeré las palabras
en silencio después de haber participado de la comida del mediodía.
Finalmente leeré las palabras de nuevo antes de acostarme al
finalizar el día, y aún más importante, en esta oportunidad leeré
las palabras en voz alta. Al día siguiente repetiré este
procedimiento, y continuaré de esta manera durante 30 días. Luego
empezaré el siguiente pergamino y repetiré este procedimiento durante
otros treinta días. Continuaré en esta misma forma hasta que haya
vivido con cada uno de los pergaminos
durante 30 días y mi lectura diaria se haya convertido en hábito. ¿Y
qué realizaré mediante este hábito? Reside aquí el secreto oculto de
todas las realizaciones del hombre. Al repetir diariamente las
palabras, se convertirán pronto en parte integral de mi mente activa,
pero aún más importante, se filtrarán también hasta la otra
mente mía, ese misterioso venero que nunca duerme, que crea mis
sueños, y con frecuencia me hace proceder en una forma que no
comprendo. A medida que las palabras de estos pergaminos son absorbidas
por mi misteriosa mente, comenzaré a despertar, todas las mañanas,
con una vitalidad que no he conocido nunca. Mi vigor aumentará, mi
entusiasmo se acrecentará, mi deseo de enfrentarme con el mundo
dominará a todos los temores que antes me asaltaban al amanecer, y
seré más feliz de lo que jamás había pensado que fuese posible en
este mundo de luchas y dolor. Finalmente, descubriré que reacciono
ante todas las situaciones que me confrontan como los pergaminos me
ordenaron que reaccionara, y pronto estas acciones y reacciones serán
fáciles de realizar, porque todo acto se hace fácil con la
práctica. De manera, entonces, que nacerá un hábito nuevo y bueno,
porque cuando un acto se hace fácil mediante la repetición constante
se convierte en un placer realizarlo, y si es un placer realizarlo
corresponde a la naturaleza del hombre el realizarlo a menudo. Cuando lo
hago con frecuencia se convierte en un hábito y yo me convierto en su
esclavo y puesto que este es un buen hábito, esta es mi voluntad. Hoy
comienzo una nueva vida. Y me hago un solemne juramento de que nada
retardará el crecimiento de mi nueva vida. No
interrumpiré ni un día estas lecturas porque el día que pierda no
podrá recobrarse jamás ni podré sustituirlo por otro. No debo
interrumpir, no interrumpiré este hábito de la lectura diaria de
estos pergaminos, y en realidad, los pocos momentos que pase todos los
días en
este nuevo hábito serán un precio insignificante que tendré que
pagar por la felicidad y el éxito que serán míos. Y mientras leo
y releo las palabras de los pergamino siguientes, no permitiré jamás que
la
brevedad de cada pergamino ni la sencillez de sus palabras me lleven a
tratar livianamente su mensaje. Miles de uvas se prensan para llenar
una botella de vino y el hollejo y la pulpa son arrojados a los
pájaros. Así es con estas uvas de la sabiduría de los siglos. Mucho se
ha
filtrado y arrojado a los vientos. Solamente la verdad pura yace
destilada en las palabras que vendrán. Beberé según las
instrucciones y no derramaré ni una gota, y la semilla del éxito ingeriré. Hoy
mi viejo pellejo se ha vuelto como polvo. Caminaré erguido entre los
hombres y no me reconocerán, porque hoy soy un nuevo hombre, con una
nueva vida.
"EL PERGAMINO NÚMERO DOS"
Saludaré este
día con amor en mi corazón. Porque este es el secreto más grande del
éxito en todas las empresas. La fuerza muscular podrá partir un
escudo y aun destruir la vida, pero solo el poder invisible del amor puede abrir
el corazón del hombre, y hasta que no domine este arte no seré más que
un mercachifle en el mercado. Haré del amor mi arma más poderosa y
nadie a quien yo visite, podrá defenderse de su fuerza. Podrán
contradecir mi razonamiento; podrán desaprobar mi manera de vestir;
podrán
rechazar mi rostro, y hasta podrán sospechar de mis ofertas
especiales; y sin embargo mi amor les derretirá el corazón, al igual
que los rayos del sol entibian la más fría arcilla. Saludaré este
día con amor en mi corazón. ¿Y cómo lo haré? De aquí en adelante
contemplaré todas las cosas con amor y naceré de nuevo. Amaré al
sol porque me calienta los huesos; pero también amaré la lluvia porque
purifica mi espíritu. Amaré la luz porque me señala el camino; pero
también amaré la oscuridad porque me señala las estrellas. Acogeré
la felicidad porque engrandece mi corazón; pero también soportaré
la tristeza porque descubre mi alma. Reconoceré la recompensa porque
constituye mi pago; pero también daré acogida a los obstáculos porque
constituye para mi un desafío. Saludaré este día con amor en mi
corazón. ¿Y cómo hablaré? Elogiaré a mis enemigos y se
convertirán en amigos míos. Animaré a mis amigos y se volverán mis
hermanos. Ahondaré siempre en busca de razones para elogiar; nunca me
allanaré a buscar excusas para el chisme. Cuando sienta la tentación de
criticar, me
morderé la lengua; cuando me sienta inspirado a elogiar, lo
proclamaré a los cuatro vientos. ¿No sucede que los pájaros, el
viento, el mar y la naturaleza toda hablan con la música de la alabanza
para su creador? ¿No puedo acaso hablar con la misma música a sus hijos?
De aquí
en adelante recordaré este secreto que cambiará mi vida. Saludaré
este día con amor en mi corazón. ¿Y cómo procederé? Amaré a todas
las clases de hombres porque cada uno tiene sus cualidades dignas de
ser admiradas aunque quizá estén ocultas. Derribaré la muralla de sospecha
y de odio que han construido alrededor de sus corazones, y en su lugar
edificaré puentes para llegar por ellos a sus almas. Amaré al que
tiene ambiciones porque podrá inspirarme; amaré a los que han fracasado
porque pueden enseñarme. Amaré a los reyes porque son solamente
humanos; amaré a los humildes porque son divinos. Amaré a los ricos
porque sufren la oscuridad; amaré a los pobres porque son tantos.
Amaré a los jóvenes por la fe a que se aferran; amaré a los ancianos
por la sabiduría que comparten. Amaré a los hermoso por sus ojos de
tristeza; amaré a los feos por sus almas saturadas de paz. Saludaré
este día con amor en mi corazón. ¿Y como reaccionaré ante la
conducta de los demás? Con amor. Porque así como el amor es el arma
con la que me propongo abrir el corazón del hombre, el amor es también
mi escudo
para resistir los dardos de odio y las lanzas de ira. La adversidad y
el desánimo azotarán cual huracán mi nuevo escudo, hasta quedar
finalmente reducidos a fina lluvia. Mi escudo me protegerá en el
mercado, me sostendrá cuando estoy solo. Me estimulará en momentos de
desánimo, pero también me calmará en épocas de gozoso transporte.
Con el uso se fortalecerá y me protegerá cada vez más, hasta que un
día lo pondré a un lado y caminaré sin estorbos entre todos los
hombres, y cuando lo haga, mi nombre será enarbolado bien alto en la
pirámide de la vida. Saludaré este día con amor en mi corazón. ¿Y
cómo me enfrentaré con las personas con quienes me encuentro? De una
sola manera. En silencio y en mi fuero interno me dirigiré a él y le
diré que le amo. Aunque dichas en silencio estas palabras se
reflejarán en mis ojos, serenarán mi frente, harán que una sonrisa se
asome en mis labios, y harán eco en mi voz; y su corazón se abrirá.
¿Y quién es aquel que se negará a comprar mis mercaderías cuando
en su corazón sienta mi amor? Saludaré este día con amor en mi
corazón. Y principalmente me amaré a mi mismo. Porque cuando lo hago,
vigilaré celosamente todo lo que entra en mi cuerpo, mi mente, mi
alma y mi corazón. Nunca jamás mimaré los apetitos de la carne,
sino que más bien trataré mi cuerpo con limpieza y moderación. Nunca permitiré
que mi mente sea atraída por el mal y la desesperación, sino más bien
la estimularé con los conocimientos y la sabiduría de los siglos.
Nunca le permitiré a mi alma que se vuelva complaciente y satisfecha;
por el contrario la alimentaré con la meditación y la oración. No
permitiré nunca que mi corazón se empequeñezca o se amargue; sino más
bien lo compartiré y crecerá y alegrará la tierra. Saludaré
este día con amor en mi corazón. De aquí en adelante amaré a toda
la humanidad. Desde este momento todo el odio ha sido extraído de mis
venas, porque no tengo tiempo para odiar, solo tengo tiempo para amar. desde
este momento doy el primer paso requerido para convertirme en un hombre
entre los
hombres. Con amor aumentaré mis ventas en un ciento por ciento y me
convertiré en un gran vendedor. Aunque no posea otras cualidades,
puedo alcanzar el éxito tan solo con el amor. Sin este fracasaré
aunque posea todos los conocimientos y habilidades del mundo. Saludaré
este día con amor en mi corazón.
"EL PERGAMINO NÚMERO
TRES"
Persistiré hasta alcanzar el éxito. En el Oriente
los toros jóvenes son puestos a prueba en cierta forma para la corrida en
la
plaza. Estos toros son traídos a la plaza y se les deja atacar al
picador que los pica con una lanza. La bravura de cada toro se calcula
entonces con cuidado, según la veces que demostró su disposición de
embestir a pesar de la picadura de la lanza. De aquí en adelante
reconoceré que todos los días la vida me pone a prueba en igual
forma. Si persisto, si sigo probando; si continúo embistiendo,
alcanzaré el éxito. Persistiré hasta alcanzar el éxito. En este
mundo no nací en derrota, ni el fracaso corre por mis venas. No soy una
oveja que
espera ser aguijoneada por el pastor. Soy un león y me niego a
hablar, a caminar o a dormir con las ovejas. Me abstendré de escuchar
a aquellos que lloran y se quejan, porque la enfermedad es contagiosa.
Que ellos se unan a las ovejas. El matadero del fracaso no es mi
destino. Persistiré hasta alcanzar el éxito. Los premios de la
vida se encuentran al fin de cada jornada, y no cerca del comienzo, y no
me corresponde a mí saber cuantos pasos son necesarios a fin de
alcanzar mi meta. Puede aún sobrecogerme el fracaso al dar mi
milésimo paso, y sin embargo quizá el éxito se oculte detrás del
siguiente recodo del camino. Jamás sabré cuán cerca estoy del éxito a
menos que
doble la esquina. Siempre daré un paso más. Si ese no es
suficiente daré otro y aun otro. En realidad, un paso por vez no es
muy difícil. Persistiré hasta alcanzar el éxito. De aquí en
adelante consideraré el esfuerzo de cada día como un golpe de la hoja
del hacha
contra un poderoso roble. El primer golpe quizá ni cause temblor en
el árbol, ni el segundo ni el tercero. Cada golpe en sí mismo quizá
sea insignificante y al parecer sin consecuencia. Y sin embargo como
resultado de golpes endebles, el roble finalmente se tumbará. Y así con
será mis esfuerzos de hoy. Se me comparará con las gotas de
lluvia que finalmente se llevan la montaña; la hormiga que devora al
tigre; la estrella que ilumina la tierra; el esclavo que construye una
pirámide.
Edificaré mi castillo usando un ladrillo por vez porque yo sé que
los pequeños intentos, repetidos, completarán cualquier empresa. Persistiré
hasta alcanzar el éxito. Jamás aceptaré la derrota y borraré de mi
vocabulario palabras o frases como abandono, no
puedo, imposible, improbable, fracaso, impráctico, sin esperanzas y
retirada, porque si esta enfermedad de la mente me atacara, seguiría
trabajando en medio de la desesperación. Trabajaré y aguantaré.
Pasaré por alto los obstáculos que se irguen a mis pies, y mantendré fijos
los ojos en las metas por encima de mi cabeza, porque sé que donde
termina el árido desierto, crece la verde vegetación. Persistiré
hasta alcanzar el éxito. Recordaré la antiquísima ley de los
promedios y la adaptaré para mi beneficio. Persistiré con la
convicción de que cada vez que fracase en una venta, aumentarán las
posibilidades de éxito en la tentativa siguiente. Todo "no"
que escuche me aproximará al sonido de un "sí". Toda
mirada de desaprobación que me encuentre, solo me prepara para la sonrisa
que hallaré después. Cada desventura que me sobrevenga contendrá en
sí la semilla de la buena suerte del mañana. Debo contemplar la
noche para apreciar el día. Debo fracasar con
frecuencia para tener éxito una sola vez. Persistiré hasta
alcanzar el éxito. Persistiré, persistiré, persistiré de nuevo.
Cada obstáculo que se me presente, lo consideraré como un mero rodeo
en el camino que me lleva a la meta, y un desafío a mi profesión. Persistiré
y desarrollaré mis habilidades como el marino desarrolla las suyas,
aprendiendo a dominar la furia de cada tormenta. Persistiré hasta
alcanzar el éxito. De aquí en adelante, aprenderé y aplicaré otro
secreto de aquellos que sobresalen en su trabajo. Cuando haya
terminado el día, sin tener en cuenta si ha sido un éxito o fracaso,
procuraré realizar un venta más. Cuando mis pensamientos inviten a
mi cansado cuerpo a retornar a la casa, resistiré la tentación de
hacerlo. Trataré de realizar una venta más. Haré un intento más de
cerrar el día con una victoria, y si ese intento fracasa, haré otro. No
permitiré jamás que ningún día termine en fracaso. De esta manera
plantaré la semilla del éxito del mañana y lograré una ventaja
insuperable sobre aquellos que cesan de trabajar a una hora prescrita.
Cuando otros ponen fin a la lucha, la mía habrá comenzado, y mi cosecha
será amplia. Persistiré hasta alcanzar el éxito. Tampoco
permitiré que los éxitos del ayer me hagan caer en el sopor de la
complacencia del hoy, puesto que este es el gran fundamento del
fracaso. Me olvidaré de los acontecimientos del día que ha pasado,
ya fuesen buenos o malos y saludaré el nuevo día con confianza de que
este será el mejor día de mi vida. Mientras haya hálito en mí,
persistiré, porque ahora conozco uno de los grandes principios del
éxito; si persisto lo suficiente, alcanzaré la victoria. Persistiré. Alcanzaré
la victoria.
"EL PERGAMINO
NÚMERO CUATRO"
Soy el milagro más grande de la naturaleza. Desde
el comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi mente, mi cabello, mi
boca. Nadie ha podido, ni puede ni podrá caminar y andar y moverse y
pensar exactamente como yo. Todos los hombres son hermanos míos y sin
embargo soy diferente de cada uno de ellos. soy una criatura única. Aunque
figuro en reino animal, lo animal solamente no me satisfará. Dentro de
mí arde una llama que ha pasado a través de incontables
generaciones, y su calor constituye un constante incentivo para mi
espíritu de ser mejor de lo que soy, y lo seré. Avivaré esta llama de
la disconformidad y proclamaré mi singularidad ante el mundo. Nadie
puede manejar el pincel ni el cincel como yo; nadie puede imitar
exactamente mi caligrafía, nadie podrá engendrar a mi hijo y en
realidad nadie tiene la habilidad de vender igual que yo. De aquí en
adelante, me aprovecharé de esta diferencia puesto que es un factor
que debo estimular hasta el máximo. Soy el milagro más grande de
la naturaleza. No haré más intentos vanos de imitar a otros. En
cambio exhibiré mi singularidad en el mercado. La proclamaré, sí,
la venderé. Comenzaré ahora a acentuar la diferencias; a ocultar mis
similitudes. Así también aplicaré este principio a las mercancías que
vendo. Un vendedor y su mercancía, diferente de todos los demás, y
orgulloso de la diferencia. Soy un ser único de la naturaleza. Soy
una cosa rara, y existe valor en todo lo raro; por lo tanto soy de valor.
Soy el resultado de miles de años de progreso; por lo tanto estoy
mejor equipado, tanto mental como corporalmente, que todos los
emperadores y sabios que me precedieron. Pero mi habilidad, mi mente,
mi corazón y mi cuerpo se estancarán, se corromperán y morirán a
menos que les dé buen uso. Tengo un potencial ilimitado. Empleo solamente
una pequeña porción de mi cerebro, ejercito solamente una ínfima
porción de mis músculos. Puedo mejorar en un ciento por ciento más
mis éxitos de ayer, y esto haré, a partir de hoy. Nunca jamás
quedaré satisfecho con los éxitos del ayer, ni me entregaré tampoco a
la alabanza personal por los hechos que en realidad son demasiado
pequeños para aún ser
reconocidos. Puedo realizar mucho más de lo que he realizado y lo
haré, pues ¿por qué razón el milagro que me produjo debe terminar
con mi nacimiento? ¿Por qué no puedo extender ese milagro a mis
hechos de hoy? Soy el milagro más grande de la naturaleza. No estoy
de casualidad en esta tierra. Estoy aquí con un propósito, y ese
propósito es crecer hasta convertirme en montaña, y no encogerme
hasta parecer un grano de arena. De aquí en adelante concentraré
todos mis esfuerzos en transformarme en la montaña más elevada de todas,
y exigiré a mi poder hasta que me pida tregua. Acrecentaré mis
conocimientos de la humanidad, de mí mismo y de las mercancías que venda,
de manera que mis ventas se multipliquen. Practicaré y mejoraré y
puliré las palabras
que pronuncio para vender mis mercancías, porque este es el cimiento
sobre el cual edificaré mi carrera y nunca me olvidaré que muchos
han alcanzado grandes riquezas y éxito mediante un solo discurso de
ventas pronunciado con excelencia. Asimismo procuraré constantemente mejorar
mis modales y atractivos, puesto que son el azúcar hacia la cual todos
son atraídos. Soy el milagro más grande de la naturaleza. Concentraré
todas mis energías en hacer frente al desafío del momento. y mis actos
contribuirán a que me olvide de todo lo demás. Los problemas de mi
casa los dejaré en casa. No pensaré en mi familia cuando esté en el
mercado, porque esto ensombrecerá mis pensamientos. De igual manera
los problemas inherentes al mercado serán dejados en el mercado y no
pensaré en mi profesión cuando esté en mi casa, puesto que esto
apagará mi
amor. No hay lugar en el mercado para mi familia, ni hay lugar
tampoco en mi casa para el mercado. Divorciaré al uno del otro y de
esta manera permaneceré unido a ambos. Deben permanecer separados o
morirá mi carrera. Esta es la paradoja de los siglos. Soy el milagro
más grande de la naturaleza. Se me ha dado ojos para que vea y una
mente para que piense y ahora sé un gran secreto de la vida porque
percibo por fin que todos mis problemas, mis desánimos y sufrimientos son
en realidad grandes oportunidades veladas. Nunca me engañaré por el
disfraz que lleven, porque mis ojos están abiertos. Miraré más
allá del disfraz y no seré engañado. Soy el milagro más grande de
la naturaleza. Ni las bestias, ni las plantas, ni el viento, ni la
lluvia, ni las rocas, ni los lagos tuvieron el mismo comienzo que yo,
porque fui concebido con amor y traído a este mundo con un propósito.
En el pasado no consideré esta verdad, pero desde ahora en adelante le
dará
forma a mi vida y la guiará. Soy el milagro más grande de la
naturaleza. Y la naturaleza no conoce derrota. Con el tiempo, emerge
victoriosa, y así lo haré yo, y con cada victoria la próxima lucha
no será tan difícil. Venceré, y me convertiré en un gran vendedor,
puesto que soy único, singular. Soy el milagro más grande de la
naturaleza.
"EL PERGAMINO NÚMERO CINCO"
Viviré este
día como si fuera el último de mi existencia. ¿Y qué haré con este
último día de valor incalculable que me queda? Primero sellaré el
contenido de la vida de manera que ni una gota se derrame sobre la
arena. No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las
desgracias del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer,
pues ¿por qué debo desperdiciar en lo malo lo que es bueno? ¿Puede
la arena deslizarse hacia arriba en el reloj? ¿Saldrá el sol donde se
pone y se pondrá donde sale? ¿Puedo vivir de nuevo los errores de
ayer y corregirlos? ¿Puedo hacer que retornen las heridas del ayer y
sanarlas? ¿Puedo volverme más joven que ayer? ¿Puedo desdecirme del
mal que he hablado, anular los golpes que he asestado, el dolor que he
provocado? No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré
más en él. Viviré este día como si fuera el último día de mi
existencia. ¿Y qué haré entonces? Olvidándome del ayer, no pensaré
tampoco en el mañana. ¿Por qué arrojaré el ahora detrás del
quizá? ¿Puede la arena del mañana correr por el reloj antes que la de
hoy? ¿Nacerá el sol dos veces esta mañana? ¿Puedo realizar las tareas
del mañana mientras me hallo en la senda del hoy? ¿Puedo poner el
oro del mañana en la bolsa del hoy? ¿Puede el niño del mañana
nacer hoy? ¿Puede la muerte que se producirá mañana proyectar hacia
atrás su sombra y oscurecer el gozo de hoy? ¿Debo preocuparme de
acontecimientos
que quizá nunca contemple? ¿Debo atormentarme con problemas que tal
vez nunca ocurran? !No¡ El mañana yace sepultado con el ayer, y no
pensaré más en él. Viviré este día como si fuera el último de mi
existencia. Este día es todo lo que tengo, y estos momentos son ahora
mi eternidad. Saludo este amanecer con exclamaciones de gozo, como a
un preso al que se le conmuta la sentencia de muerte. Elevo mis brazos
con agradecimiento por este don inapreciable de un nuevo día. Así
también me golpearé el pecho con gratitud al considerar a todos los
que saludaron la salida del sol del ayer y que hoy no figuran entre
los vivos. Soy en realidad un hombre afortunado, y las horas de hoy
constituyen algo extra, inmerecido. ¿Porqué se me ha permitido vivir
este
día extra, cuando otros, mucho mejores que yo, han muerto? ¿Será
acaso que han cumplido su propósito mientras que el mío está
inconcluso? ¿Es esta otra oportunidad de convertirme en el hombre que
yo sé que puedo ser? ¿Existe un propósito de la naturaleza? ¿Es este
mi día para distinguirme? Viviré este día como si fuera el
último de mi existencia. Tengo tan solo una vida, y la vida nada es
sino una medida de tiempo. Cuando malgasto una destruyo al otro. Si
malgasto el hoy destruyo la última página de mi vida. Por lo tanto, trataré
con ternura y afecto cada hora, porque no retornarán jamás. No puede
conservarse hoy para ser usado mañana, ¿quién puede atrapar el
viento? Asiré con ambas manos cada minuto de este día y lo
acariciaré con afecto puesto que su valor es incalculable. ¿Qué hombre
moribundo puede comprar el hálito de otro aunque esté dispuesto a dar
por él todo
su oro? ¿Qué valor asignaré a las horas que me quedan? Las
consideraré inapreciables. Viviré este día como si fuera el último
de mi existencia. Eludiré con ahínco a todo aquello que mata el
tiempo. A la indecisión destruiré con la acción; sepultaré las
dudas bajo la fe; el temor destruiré con la confianza. No escucharé los labios
ociosos; no me quedaré donde hay manos ociosas; a personas ociosas no
visitaré. De
aquí en adelante sabré que el cortejar la ociosidad equivale a robar
alimentos, ropas y calor de aquellos a quienes amamos. No soy ladrón.
Soy un hombre que siente cariño en su corazón y hoy es la última
oportunidad de demostrar mi cariño y mi grandeza. Viviré este día
como si fuera el último de mi existencia. Los deberes de hoy cumpliré
hoy. Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se
habrán ido, y yo también. Hoy abrazaré a mi mujer y la besaré
dulcemente; mañana ya no estará ni yo tampoco; hoy le prestaré
ayuda al amigo necesitado; mañana ya no clamará pidiendo ayuda, ni
tampoco yo podré oír su clamor. Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo;
mañana no tendré nada que dar, y no habrá nada que recibir. Viviré
este día como si fuera el último de mi existencia. Y si es mi último
día, será mi monumento más grande. Este día haré el mejor de mi vida. Este
día aprovecharé los minutos hasta su máximo. Lo saborearé y daré
gracias.
Aprovecharé todas las horas y canjearé los minutos solamente por
algo de valor. Trabajaré con más ahínco que nunca y exigiré a mis
músculos hasta que pidan el alivio, y aún así continuaré. Haré
más visitas que nunca. Venderé más mercancías que nunca. Ganaré más oro
que nunca. Cada minuto de hoy será más fructífero y fecundo que las
horas de ayer. Mi
último día deberá ser mi mejor día. Viviré este día como si
fuera el último de mi existencia. Y si no lo es, caeré de rodillas y
daré gracias.
"EL PERGAMINO NÚMERO SEIS"
Hoy seré
dueño de mis emociones. La marea sube; la marea baja. Pasa el invierno
y llega el verano. Declina el verano y aumenta el frío. El sol sale;
el sol se pone. La luna está llena; la luna es negra. Llegan los
pájaros, y
luego parten. Florecen las flores; las flores se marchitan. Se siembra
la semilla; se recoge la cosecha. La naturaleza toda es un ciclo de
estados de ánimos y yo soy parte de la naturaleza; y así como la
marea, subirán mis estados de ánimo; mis estados de ánimo bajarán. Hoy
seré dueño de mis emociones. Es una de las estratagemas de la
naturaleza, escasamente, comprendida, que cada día amanezco con
estados de ánimo que han cambiado desde ayer. El gozo de ayer se
convertirá en la tristeza de hoy; sin embargo la tristeza de hoy
pasará a ser el gozo del mañana. Dentro de mí hay una rueda que
cambia constantemente de la tristeza al gozo, de los transportes de alegría
a la depresión, de la felicidad a la melancolía. A igual que las flores,
los capullos de gozo de hoy se marchitarán y abatirán, y sin embargo
recordaré que las flores secas de hoy llevan la semilla del pimpollo
del mañana; así también la tristeza de hoy contiene la simiente del
gozo del mañana. Hoy seré dueño de mis emociones. ¿Y cómo
dominaré estas emociones a fin de que cada día sea productivo? Porque a
menos
que mi estado de ánimo sea el correcto, mi vida será un fracaso. Los
árboles y las plantas dependen del tiempo para florecer, pero yo
elaboro mi propio tiempo, que digo, lo llevo conmigo. Pero si yo les
ofrezco a mis clientes lluvia y lobreguez y tinieblas y pesimismo,
reaccionarán con tristeza, tinieblas y pesimismo y no me comprarán
nada. Si les ofrezco gozo y entusiasmo y claridad y alegría a mis
clientes, reaccionarán con gozo y entusiasmo, claridad y alegría, y
mi tiempo producirá una cosecha de ventas y un granero de oro. Hoy
seré dueño de mis emociones. ¿Y cómo dominaré mis emociones a fin
de que todos los días sean días felices y productivos? Aprenderé
este secreto de los siglos: Débil es aquel que permite que sus pensamientos
controlen sus acciones; fuerte es aquel que obliga a sus acciones a que
controlen sus pensamientos. Todos los días cuando despierte, seguiré
este plan de batalla antes de ser capturado por las fuerzas de la
tristeza, de la autocompasión y del fracaso. Si me siento deprimido,
cantaré. Si me siento triste, reiré. Si me siento enfermo,
redoblaré mi trabajo. Si siento miedo, me lanzaré adelante. Si me
siento inferior, vestiré ropas nuevas. Si me siento inseguro,
levantaré la voz. Si siento pobreza, pensaré en la riqueza futura. Si
me siento incompetente, recordaré éxitos pasados. Si me siento
insignificante, recordaré mis metas. Hoy seré dueño de mis
emociones. De aquí en adelante, sabré que solo aquellos con habilidad
inferior podrán estar siempre a su nivel más alto, y yo no soy
inferior. Habrá días cuando tenga que luchar constantemente contra
fuerzas que me desgarrarían. Aunque el desánimo y la tristeza son
fáciles de reconocer, hay otros que se nos aproximan con una sonrisa
y con un amistoso apretón de
manos pero también pueden destruirnos. Contra ellos, también debo
estar siempre en estado de alerta. Si se apodera de mi la confianza
excesiva, recordaré mis fracasos. Si me siento inclinado a entregarme
con exceso a la buena vida, recordaré hambres pasadas. Si siento
complacencia, recordaré a mis competidores. Si disfruto de momentos de
grandeza recordaré momentos de vergüenza. Si me siento todopoderoso,
procuraré detener el viento. Si alcanzo grandes riquezas, recordaré
una boca hambrienta. Si me siento orgulloso en exceso recordaré un
momento de debilidad. Si pienso que mi habilidad no tiene igual,
contemplaré las estrellas. Hoy seré dueño de mis emociones. Y con
este nuevo conocimiento comprenderé también y reconoceré los estados de
ánimo de
aquél a quien visite. Toleraré su enojo y su irritación de hoy
porque no sabe el secreto de dominar su mente. Puedo resistir su
saetas e insultos porque ahora sé que mañana cambiará y será un
gozo visitarlo. No juzgaré más a un hombre por una sola visita; no
dejaré jamás de visitar de nuevo mañana a aquel que hoy me
demuestra odio. Hoy no comprará carrozas de oro por un centavo, y sin embargo
mañana canjeará su casa por un árbol. El conocimiento que tengo de este
secreto
será la llave que me abra las puertas de la riqueza. Hoy seré
dueño de mis emociones. De aquí en adelante reconoceré e
identificaré el misterio de los estados de ánimo de toda la humanidad,
y en mí. Desde este momento estoy preparado para dominar cualquier tipo
de
personalidad que se despierta en mi todos los días. Dominaré mis
estados de ánimo mediante una acción positiva y cuando haya dominado
mis estados de ánimo, controlaré mi destino. Hoy controlo mi destino,
y mi destino es el de convertirme en el vendedor más grande del
mundo. Seré dueño de mi mismo. Seré grande.
"EL
PERGAMINO NÚMERO SIETE"
Me reiré del mundo. Ningún ser
viviente puede reírse, con la excepción del hombre. Los árboles tal vez
se
sangren cuando son heridos, y las bestias del campo se quejarán de
dolor y de hambre, y sin embargo solo yo tengo el don de la risa y es
un don que puedo usar cuando quiero. De aquí en adelante cultivaré
el hábito de la risa. Sonreiré y mi digestión mejorará; me reiré y
mis cargas serán aliviadas; me reiré y mi vida será alargada,
porque es el secreto de la larga vida y es ahora mío. Me reiré del
mundo. Y especialmente me reiré de mi mismo porque el hombre es lo
más cómico cuando se toma demasiado en serio. Nunca caeré en esta
trampa de la mente. Porque aunque sea el milagro más grande de la
naturaleza, ¿no soy aún un mero grano de arena sacudido por los vientos del
tiempo? ¿Sé en realidad de dónde vine y a dónde voy? ¿Mi
preocupación por este día no parecerá necia dentro de diez años?
¿Por qué permitiré que los acontecimientos insignificantes del hoy
me perturben? ¿Qué puede acontecer antes de que se ponga este sol que
no parecerá insignificante en el río de los siglos? ¿Y cómo me
reiré cuando me enfrente a un hombre o acciones que me hieran y me provoquen
lágrimas y maldiciones? Tres palabras aprenderé a repetir hasta que se
conviertan
en un hábito tan fuerte que inmediatamente aparecerán en mi mente
siempre que el buen humor amenace apartarse de mi. Estas palabras,
trasmitidas por los antiguos, me harán triunfar en la adversidad y
mantendrán mi vida en equilibrio. Estas tres palabras son: Esto pasará
también. Me reiré del mundo. Porque todas las cosas mundanas
cesarán. Cuando me sienta profundamente acongojado me consolaré
pensando que esto pasará también; cuando me sienta orgulloso del éxito
me
advertiré que esto pasará también. Cuando me sienta oprimido por la
pobreza me diré que esto pasará también; cuando esté agobiado de
riquezas recordaré que esto pasará también. Ciertamente, ¿dónde
está aquel que edificó la pirámide? ¿No está sepultado dentro de sus
piedras? ¿Y la pirámide algún día no quedará sepultada bajo la
arena? ¿Si todas estas cosas pasarán, por qué debo preocuparme del
hoy? Me reiré del mundo. Pintaré este día con risas; pondré
marco a esta noche con una canción. Nunca trabajaré para ser feliz;
más bien trabajaré con ahínco para no estar triste. Disfrutaré hoy de
la felicidad de
hoy. No es un grano para ser almacenado en una caja. No es un vino
para guardarse en una vasija. No puede conservarse para mañana. Debe
sembrarse y cosecharse el mismo día y esto haré de hoy en adelante. Me
reiré del mundo. Y con mi risa todas las cosas quedarán reducidas a
su justa medida. Me reiré de mis fracasos y se desvanecerán en nubes
de nuevos sueños; me reiré de mis éxitos y quedarán reducidos a su
verdadero valor. Me reiré de la bondad, y esta prosperará y abundará.
El día será triunfante solo cuando mis sonrisas provoquen sonrisas
en otros, y esto lo hago por interés, porque aquellos a quienes les
hago mal gesto no comprarán mis mercancías. Me reiré del mundo. De
aquí en adelante solo derramaré lágrimas de sudor, porque las lágrimas
que nacen de la tristeza, del remordimiento, de la frustración, no
tienen valor en el mercado, mientras que cada sonrisa puede ser
canjeada por oro y cada palabra bondadosa, hablada desde el
corazón, puede edificar un castillo. Nunca permitiré que me
vuelva tan importante, tan sabio, tan grave y reservado, tan poderoso,
que me olvide de reírme de mí mismo y de mi mundo. En este asunto
seguiré
siempre siendo un niño, porque solamente como un niño se me ha
otorgado la habilidad de admirar a los demás; y mientras admire a
otro nunca me formaré una opinión excesiva de mí mismo. Me
reiré del mundo. Y mientras pueda reírme no seré jamás pobre. Este
es entonces uno de los mayores dones de la naturaleza, y no lo
malgastaré más. Solamente con la risa y la felicidad puedo convertirme en
un verdadero éxito. Solo con la risa y la felicidad puedo disfrutar de
los frutos de mi
trabajo. Si no fuera así, sería mejor que fracasara, porque la
felicidad es el vino que afina el gusto de la comida. Para disfrutar
del éxito debo tener felicidad, y la risa será la doncella que me
sirve. Seré feliz. Tendré éxito. Seré el más grande vendedor
que el mundo ha conocido.
"EL PERGAMINO NÚMERO OCHO"
Hoy
multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Una hoja de morera
tocada por el genio del hombre se convierte en seda. Un campo de
arcilla tocado por el genio del hombre se convierte en un castillo. Un
ciprés tocado por el genio del hombre se convierte en un santuario. Un
vellón de lana tocado por el genio del hombre se convierte en un manto
para un rey. Y si es posible que las hojas y la arcilla y la madera y
la lana multipliquen su valor por un ciento por ciento, que digo, en
un mil por el hombre, ¿no puedo hacer lo mismo con la arcilla que
lleva mi nombre? Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Soy
como el grano de trigo a quien le confrontan tres futuros. El trigo puede
ser puesto en una bolsa y arrojado en un chiquero para alimentar a los
puercos. O puede molerse y convertirse en harina y luego en pan. O
puede sembrarse en la tierra a fin de que crezca hasta que sus espigas
de oro produzcan mil granos de uno. Soy como un grano de trigo con una
diferencia. El trigo no puede escoger ser de alimento
para los puercos, molido para el pan, o plantado para que se
multiplique. Yo tengo la facultad de elección y no permitiré que mi
vida sea alimento de los puercos ni dejaré que sea molida bajo las
piedras del fracaso y la desesperación, y así quebrantado, ser devorado
por la voluntad de otros. Hoy multiplicaré mi valor en un ciento
por ciento. Para que crezca y se multiplique es necesario plantar el
grano de trigo en la oscuridad de la tierra, y mi fracaso, mi
desesperación, mi ignorancia y mis inhabilidades son la oscuridad en
la cual he sido plantado a fin de madurar. Ahora, como el grano de
trigo que brotará y fructificará solamente si es nutrido por la
lluvia y el sol y los vientos tibios, yo también debo nutrir mi
cuerpo y mi mente para cumplir mis sueños. Pero para crecer hasta llegar
a su
plenitud el trigo debe esperar los caprichos de la naturaleza. Pero yo
no necesito esperar nada porque tengo el poder para escoger mi propio
destino. Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. ¿Y
como lograré esto? Primeramente fijaré metas para el día, la semana, el
mes, el año y mi vida. Así como la lluvia debe caer antes de que el
grano de trigo rompa su cáscara y germine, así yo también debo
tener metas y objetivos para que mi vida cristalice. Al fijarme metas
recordaré mis mejores trabajos del pasado y los multiplicaré en un
ciento por ciento.
Este será el nivel según el cual viviré en el futuro. Nunca me
preocuparé de que mis metas sean demasiado elevadas, puesto que ¿no
es mejor acaso apuntar mi lanza a la luna y herir solamente a un
águila que apuntar mi lanza a un águila y pegarle solamente a una roca? Hoy
multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. La magnitud de mis
metas no me asombrará aunque quizá tropiece antes de alcanzarlas. Si
tropiezo me levantaré de nuevo y mis caídas no me preocuparán
porque todos los hombres deben de tropezar con frecuencia antes de
llegar a su hogar. Solo el gusano está libre de la preocupación de
tropezar. Y yo no soy un gusano. No soy una cebolla tampoco. No soy una oveja.
Soy un hombre. Que otros construyan una cueva con su arcilla. Por mi parte
construiré un castillo con la mía. Hoy multiplicare mi valor en
un ciento por ciento. Y así como el sol debe calentar la tierra a fin
de producir la planta de trigo, así también las palabras de estos
pergaminos calentarán mi vida y convertirán mis sueños en realidad. Hoy
sobrepasaré toda acción que realicé ayer. Subiré a la montaña de
hoy con toda la habilidad que tengo, y sin embargo mañana subiré
más alto que hoy, el día siguiente más alto que ayer. El sobrepasar
los hechos de los otros carece de importancia; el sobrepasar mis propios hechos
es lo que significa todo. Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por
ciento. Y así como el viento caliente hace madurar el trigo, los
mismos vientos llevarán mi voz a aquellos que me escucharán y mis
palabras les anunciarán mis metas. Una vez pronunciado, no me atrevo
a revocar lo que he dicho por temor a la humillación. Seré como mi
propio
profeta, y aunque todos se rían de mis declaraciones, oirán mis
planes, conocerán mis sueños. Y de esta manera no habrá escape para
mí hasta que mis palabras se conviertan en hechos realizados. Hoy
multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. No cometeré el
terrible crimen de apuntar demasiado bajo. Realizaré la labor que un
fracasado no realizará. Siempre extenderé mi brazo más allá de lo
que está a mi alcance. No quedaré nunca contento con mi actuación en
el mercado. Siempre ampliaré mis metas tan pronto como las haya
alcanzado. Procuraré siempre que la próxima hora sea mejor que esta. Proclamaré
siempre mis metas al mundo. Y sin embargo, nunca proclamaré mis
éxitos. Que el mundo en cambio se me acerque con
alabanza y que tenga yo la sabiduría de recibirlo con humildad. Hoy
multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Un grano de trigo
cuando se multiplica en un ciento por ciento producirá cien tallos.
Multiplique estos en un ciento por ciento, diez veces y alimentarán a
todas las ciudades del mundo. ¿No soy yo más que un grano de trigo? Hoy
multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Y cuando haya realizado
esto lo repetiré de nuevo, y de nuevo, y se producirá el asombro y la
maravilla ante mi grandeza, en circunstancias que las palabras de estos
pergaminos se cumplen en mi.
"EL PERGAMINO
NÚMERO NUEVE"
Mis sueños carecen de valor alguno, mis planes
son como el polvo, mis metas imposibles. Todo eso carece de valor a
menos que sea seguido por la acción. Procederé ahora mismo. Jamás
ha existido un mapa, por muy exactos que hayan sido los detalles y la
escala, que transportara a su dueño un centímetro de distancia.
Jamás ha existido un documento jurídico, por justo que fuese, que
haya impedido un crimen. Jamás ha existido un pergamino, aun como el
que yo sostengo ahora, que se haya ganado un centavo o producido una sola palabra
de aclamación. Solamente la acción es la chispa que enciende el mapa, el
documento, el pergamino, mis sueños, mis planes, mis metas, hasta
convertirlos en una fuerza viviente. La acción es mi alimento y
bebida que nutrirán mi éxito. Procederé ahora mismo. La demora
que me ha sujetado fue hija del temor y ahora reconozco este secreto,
extraído
de las profundidades de corazones valientes. Ahora se que para
conquistar el temor debo siempre proceder sin vacilación y los
estremecimientos de mi corazón desaparecerán. Y ahora sé que la
acción reduce al león del terror a una hormiga de ecuanimidad. Procederé
ahora mismo. De aquí en adelante, recordaré la lección de la
luciérnaga que proyecta su luz solamente cuando vuela, solamente
cuando está en acción. Me convertiré en luciérnaga y aun durante el
día se verá mi resplandor a pesar del sol. Que otros sean como las
mariposas que se
acicalan las alas, y que sin embargo dependen de la caridad de una
flor para vivir. Seré como una luciérnaga y mi luz iluminará el
mundo. Procederé ahora mismo. No eludiré las tareas de hoy ni las
postergaré para mañana, porque sé que el mañana nunca llega.
Déjenme proceder ahora aunque mis acciones no traigan la felicidad o el
éxito, porque es mejor proceder y fracasar que quedarse inactivo y
salir del paso a duras penas. La felicidad, en realidad, quizá no sea
el fruto arrancado mediante mi acción, y sin embargo sin la acción
todo fruto morirá en su tallo. Procederé ahora mismo. Procederé
ahora mismo. Procederé ahora mismo. Procederé ahora mismo. De aquí en adelante,
repetiré estas palabras constantemente, cada hora, cada día, todos los
días, hasta que se conviertan en hábito como el respirar y las
acciones que sigan sean algo tan instintivo como el pestañear. Con
estas palabras puedo preparar la mente para realizar todo acto
necesario para mi éxito; con ellas puedo preparar la mente para hacer
frente a todo desafío que e1 fracasado elude. Procederé ahora
mismo. Repetiré estas palabras una vez tras otra. Las pronunciaré
cuando despierte al saltar de mi cama, mientras el fracasado duerme
una hora más. Procederé ahora mismo. Cuando entre al mercado las
pronunciaré e inmediatamente confrontaré a mi primer cliente, mientras
el fracasado medita con detenimiento sobre la posibilidad de que se lo
desaire. Procederé ahora mismo. Cuando me encuentre frente a una
puerta cerrada, las pronunciaré, y luego llamaré mientras que el
fracasado espera afuera con temor y temblor. Procederé ahora mismo. Las
pronunciaré cuando me confronte la tentación, y procederé de inmediato
para sacarme a mí mismo del mal. Procederé ahora mismo. Cuando
esté tentado a abandonar la lucha para comenzar mañana, pronunciaré
estas palabras y procederé de inmediato a consumar otra venta. Procederé
ahora mismo. Solamente la acción determina mi valor en el mercado, y
para multiplicar mi valor multiplicaré mi acción. Transitaré allí
donde el fracasado teme andar. Trabajaré cuando el
fracasado busque descanso. Hablaré cuando el fracasado permanece en
silencio. Visitaré a diez personas que pueden comprar mis
mercancías, mientras que el fracasado se formula planes grandiosos
para visitar a uno solo. Afirmaré que la labor está cumplida antes que
el fracasado diga que es demasiado tarde. Procederé ahora mismo. Porque
el ahora es todo lo que tengo. Mañana es el día reservado par el trabajo
de los
haraganes. Yo no soy haragán. Mañana es el día cuando lo malo se
vuelve bueno. Yo no soy malo. Mañana es el día cuando el débil se
vuelve fuerte. Yo no soy débil. Mañana es el día cuando el
fracasado tendrá éxito. Yo no soy un fracasado. Procederé ahora
mismo. Cuando el león siente hambre, come. Cuando el águila siente
sed, bebe. Si no procedieran, si no actuaran, morirían. Tengo
hambre de éxito. Tengo sed de felicidad y de paz mental. Si no procedo,
si no actúo, pereceré en una vida de fracaso, de miseria, de noches
de insomnio. Impartiré órdenes y obedeceré mis propias órdenes. Procederé
ahora mismo. El éxito no esperará. Si demoro será como una novia que
se casará con otro y la perderé para siempre. Ahora es el momento
oportuno, Este es el lugar. Yo soy el hombre. Procederé ahora mismo.
"EL PERGAMINO
NÚMERO DIEZ"
¿Que hombre tiene tan poca fe que en un momento
de gran desastre y de angustia no haya invocado a su Dios? ¿quién no
ha clamado cuando se ha visto confrontado con el peligro, la muerte o
un misterio superior a su comprensión o experiencia normal? ¿de dónde
procede
este profundo instinto, que se expresa por la boca de todos los seres
vivientes en momentos de peligro? Agite la mano con rapidez ante
los ojos de alguno, y sus párpados pestañearán. Dele a otro un
golpecito en la rodilla y la pierna le dará un salto. Confronte a otro
con una historia de horror y sus labios dirán: "Dios mío",
en virtud del mismo impulso. Mi vida no tiene que estar saturada de
religión para reconocer este gran misterio de la naturaleza. Todos
los seres que andan por la tierra, incluso el hombre, poseen el instinto
de clamar pidiendo ayuda. ¿Por qué es que poseemos este instinto,
este don? ¿No son nuestros clamores una forma de oración? ¿No sería
incomprensible, en un mundo gobernado por las leyes de la naturaleza,
otorgar a un cordero o a una mula, o a un pajarillo o al hombre el
instinto de clamar pidiendo ayuda, si alguna mente superior no hubiese también
determinado que el clamor fuese escuchado por un poder superior con la
habilidad de escuchar y de responder a nuestro clamor? De aquí en
adelante oraré, pero mis clamores que pidan ayuda serán solamente
clamores en demanda de dirección. Nunca oraré pidiendo las cosas
materiales de este mundo. No estoy llamando a un sirviente para que me
traiga alimentos. No le estoy ordenando a un fondista o mesonero para que
me proporcione habitación. No pediré jamás que se me otorgue oro o
amor o buena salud o victorias mezquinas o la fama o el éxito o la
felicidad. Solo oraré por directivas y orientaciones a fin de que se
me señale el camino para alcanzar estas cosas y mi oración será
contestada siempre. Quizá recibiré la dirección y orientación
que busco, o tal vez no, pero ¿no son estas dos cosas una respuesta?
Si el niño le pide pan a su padre, y el padre no se lo da, ¿no le ha
respondido el padre? Oraré pidiendo directivas y orientación, y
oraré como un vendedor, de esta manera: Oh creador de todas las cosas,
ayúdame. Porque hoy me interno desnudo y solo en el mundo, y sin tu
mano que me guíe me extraviaré del camino que conduce al éxito y a la
felicidad. No pido oro ni ropas ni aun las oportunidades en
consonancia con mi habilidad; en cambio guíame a fin de que adquiera
habilidad para aprovechar mis oportunidades. Tú le has enseñado al
león y al águila cómo cazar y prosperar con sus colmillos y garras.
Enséñame a cazar con palabras y a prosperar con amor para que sea
león entre los hombres y águila en el mercado. Ayúdame a
permanecer humilde en los obstáculos y fracasos; pero no ocultes de mi
vista el
premio que acompañará a la victoria. Asígname tareas en cuyo
desempeño otros hayan fracasado; pero guíame a fin de que pueda
arrancar de entre sus fracasos las semillas del éxito. Confróntame con
temores que templen mi espíritu; pero concédeme el valor de reírme
de mis dudas. Dame los días suficientes para alcanzar mis metas; pero
ayúdame a vivir hoy como si fuera mi último día. Guíame en mis
palabras a fin de que produzcan frutos; pero sella mis labios a la
murmuración y que nadie sea calumniado. Disciplíname a fin de que
adquiera el hábito de no cejar nunca; pero muéstrame cómo usar la
ley de los promedios. Ponme alerta a fin de reconocer la oportunidad; pero
otórgame la paciencia que concentrará mis fuerzas. Báñame en
buenos hábitos para que los malos se ahoguen; pero dame compasión para
las
debilidades de los hombres. Déjame saber que todo pasará; pero
ayúdame a contar mis bendiciones de hoy. Expónme ante el odio
para que no me sea extraño; pero llena de amor mi copa a fin de que pueda
convertir a los extraños en amigos. Pero que todas estas cosas sean
así si es tu voluntad. Soy tan solo un pequeño y solitario grano de
uva que se aferra a la vid, y sin embargo me has hecho distinto de todos
los
demás. En realidad debe existir un lugar especial para mí. Guíame.
Ayúdame. Señálame el camino. Déjame llegar a ser todo lo que
tienes planeado para mí desde que seleccionaste y planeaste mi
semilla para que germinara en la viña del mundo. Ayuda a este humilde
vendedor. Guíame, Dios.
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